No tenía los 3 años cumplidos la primera vez que mi hijo me pidió que le dibujara la bandera de su país. Le encantó el resultado, tanto que a partir de entonces, él mismo, dibujaba una media de 3 ó 4 banderas diarias (je, je, así son los niños).
Un día me dice:
-Mama, mama! Mira que he hecho.. ¿Te gusta?
-Pero ésto que es?
-La bandera de España, no te gusta?
Tuve que explicarle que el dibujo estaba muy bien hecho y muy bonito pero que la bandera de Epaña no es tricolor (rojo, amarillo y morado), como él la dibujó. Le pregunté donde había visto él esa bandera y me dijo que no la había visto, fue la señora que se lo explicó.
-Qué señora?
No me contestó, salió corriendo.
Días después me mostró muchos más dibujos, todos con la bandera dichosa. Yo me enfadaba y le explicaba. En un principio él parecía entender, pero en cuanto yo me daba la vuelta hacía el dibujo otra vez. Así pasaban los días y yo empecé a mosquearme. Cada vez que le dejaba dibujando, a parte de las típicas canciones infantiles que tarareaba, de vez en cuando, soltaba una carcajada o murmuraba, como si hablase con alguien y cuando entraba en el cuarto me presentaba un maldito dibujo envuelto en risas.
Lo comenté con su padre y algunos familiares. Mi cuñado decía que eso era cosa de la seño, al igual que yo misma llegué a pensar y a punto estuve de hablar con ella.
Todos le explicaban como había que dibujar la bandera pero el niño seguía erre que erre. Una tarde me quedé dibujando con él y le pedí que me dibujara la bandera española. Lo hizo perfectamente, entonces le pregunté:
-Por qué las otras veces lo haces mal?
-Yo quiero hacerlo bien pero la señora no me deja
-Qué señora?
-Esa - me señalaba.
-Yo no veo a nadie
-No la ves?
-Y qué te dice la señora?
-Cosas
-Qué cosas?
-Pues no me acuerdo
-No vuelvas a hablar más con esa señora
-Vale, mamá
A partir de esa conversación, mi hijo, no volvió a dibujar la bandera tricolor. Lo que empezó a partir de entonces fue el miedo. Le daba miedo quedarse sólo viendo la tele o jugando y por las noches solía despertarse asustado.
Una noche empezó a gritar:
-Vete! vete! ...mamá!!!
-Qué pasa?
-Dile a esa señora que se vaya que me da miedo
A mí sí que me entró miedo.. - Pero dónde está esa señora?
-Ahí
Yo seguía sin verla pero la histeria del niño aumentaba cada vez más, así que, como una loca, empecé a vocear a la nada: -Vete!! Deja en paz a mi hijo!!
No sé cuántas veces dije esa frase. El caso es que mi hijo se tranquilizó. Empecé a hacerle preguntas y me dijo que la señora era más bien fea, parecida a la mona lisa (se parece en lo fea a esa del cuadro, dijo) y que él quería hablarme de ella pero esa señora le dijo que no le contara nada a la mamá.
Mi hijo jamás volvió a mencionarme a la señora, de hecho, a estas alturas no sé si se acordará de ella, yo preferiría que no lo hiciera. Ya más calmada y con el paso del tiempo empecé a convencerme a mí misma de que aquello no tuvo otro origen que la imaginación del niño.
Meses después empecé a ver cosas raras y, aunque no la veía, la sentía, era una mujer. Después cada vez más... pelo muy rubio o blanco, piel blanca, pocas arrugas. Unos cincuenta y algo. Yo sabía que estaba pero ignoraba la presencia. En dos ocasiones, mientras hablaba por teléfono estándo sóla, mi interlocutor escuchó nítidamente su voz, una voz entrometida en el contexto de la conversación. Al parecer de una mujer relativamente mayor, como e unos cincuenta, según describieron.
Por aquella época preparaba una oposición. No es que me matara estudiando, pero según se apróximaba la fecha, más me centraba en estudiar. Entonces empecé a escuchar cosas, como una radio, como cuando hay interferencias en una emisora de radio y se escuchan varias voces a la vez (pero sin las interferencias, claro) muy bajito. Aquello me recordaba a lo que se oía por el escuchabebés que le colocaba a mi hijo y que tuve que dejar de usar porque me acojonaba cada vez que lo encendía. Yo ya pensé que definitivamente me estaba volviendo loca y que si aquello seguía tendría que ir a un médico.
Apenas quedaban ya dos meses para mi examen. Era una noche de verano. Fuí a la cocina por un refresco y a fumar un cigarro. Mientras fumaba repasaba mentalmente lo acababa de leer. De repente, una voz de mujer en mi oído me soltó una frase, lo hizo demasiado rápido para entenderla. Yo le contesté:
-Qué?
Como al segundo me dí cuenta de que lo que estaba pasando allí. Le pedí, por favor, que me dejara en paz, que no quería saber nada de nada ni de nadie. Que no me interesaba.
Ignoro de donde vendría aquella señora, y si era la misma que atormentaba a mi hijo, ni a donde se habrá ido, porque irse, se ha ido, seguro.